jueves 22 de septiembre de 2011

Leñero y José Agustín en Bellas Artes



Ciudad de México, 21 de Septiembre de 2011. Hoy estuve en la ceremonia donde José Agustín y Vicente Leñero recibieron, en el vestíbulo del Palacio Nacional de Bellas Artes, la medalla que otorga el INBA en reconocimiento a la obra de los artistas mexicanos. Del mérito que ambos escritores tienen como grandes artistas no cabe ninguna duda, aunque no entiendo por qué el INBA consideró apropiado rendirles honores al mismo tiempo dado lo diferente de su público, temática de su obra y, faltaba más, el natural ego profesional que bien tiene derecho a tener alguien que va a ser galardonado por su trayectoria individual.

Hasta ayer en la noche sólo estaba familiarizado con los reportajes de Vicente Leñero en Proceso. Uno de los que más recuerdo es su narración de una reunión que tuvo con Carlos Salinas, cuando este era candidato del PRI a la presidencia, en la que el político planteó cínicamente al hombre de confianza de Julio Scherer la posibilidad de usarlo para intervenir en la dirección de Proceso: "En ese momento Salinas hizo un disparo justo al ángulo:  ̶¿cómo podría Proceso trascender a Julio Scherer, Vicente?". Ahora, después de haber escuchado la magnífica lectura de un extracto de Los albañiles por el actor Jesús Ochoa, confieso que tengo muchas ganas de ir a una librería de viejo, comprar una copia, y leer al literato; de paso, para saber por fin cómo termina esa historia en la que el albañil juró que no descansaría hasta ver en la cárcel al ingeniero que creía que por haberle dado trabajo podía humillarlo y extorsionarlo continuamente.

La ceremonia fue conducida por otro escritor, Ignacio Solares, quien arrancó una carcajada al público cuando contó que él y los galardonados tenían en común haber trabajado en los 70' en la redacción de la revista para mujeres llamada Claudia.  En esa revista, José Agustín estaba a cargo de la sección de horóscopos, quien sin mayor empacho admitió ayer que simplemente inventaba las "predicciones" para las mujeres inseguras de su futuro. Después de haber terminado el extracto de Los albañiles, Jesús Ochoa leyó un extracto de De perfil. Tengo que decirles que el fragmento escogido pasó sin pena ni gloria; algo pasa con la obra de José Agustín que hace que la gente se quede sólo con su lenguaje fresco y olvide aquellas partes cargadas con alto contenido político, o incluso, de agudo análisis social y cultural. Eso sí, Leñero acotó que, en el caso de De perfil, a él le constaba que la frescura iba acompañada de mucho rigor en la técnica narrativa, además de que tuvo la fortuna de leer hoja por hoja del borrador original.

Me imagino que debe haber una especie de tradición en el gremio literario para entregar la medalla de Bellas Artes en el vestíbulo del Palacio, porque de otra forma no me explico por qué se escogió ese lugar tan incómodo. Como era de esperarse, la concurrencia de periodistas y admiradores superó el número de sillas instaladas en el descanso del vestíbulo, que por ser tan pequeño impedía que aun parado pudieras observar a los escritores. Además, me pareció un gesto poco generoso reunir a dos de los escritores más importantes de México y no abrir las puertas de alguna sala del palacio, o por qué no, las del teatro principal. Estoy seguro que esto no pasó de largo en el ánimo de los condecorados. A las preguntas de Solares, José Agustín contestaba casí con monosílabos o con anécdotas muy escuetas. Leñero por su parte se extendió un poco más, pero al momento de recibir la medalla señaló que hubiera preferido recibirla antes, cuando era joven y la necesitaba.

De todas formas, haber estado ahi valió totalmente la pena. No está mal invitar a otro escritor cuando se le otorga una medalla a un artista de su género, pero pienso que por respeto al galardón y al galardonado, la ceremonia debe girar en torno a una sóla persona. Al final, tanto Leñero como José Agustín firmaron autógrafos para los asistentes que llevamos alguna copia de sus libros. Se tomaron la foto y brindaron; pero uno de los dos escritores se tuvo que retirar mientras el otro no se daba abasto para dar autógrafos. En un ánimo contrario al que no tuvieron los organizadores, no diré de quién se trata.


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