Hace unos años vi en video un discurso en el que Fidel Castro, a inicios de la década de los 60', anunciaba la nacionalización de la United Fruit Company en Cuba. Confieso que cuando vi el video, no tenía una idea clara del valor político y ético de esa nacionalización y lo tomé como una mero recurso de legitimación popular. No dudo que para eso haya servido, pero en ese entonces no entendí que no era una acción menos justa—por reivindicar la dignidad y detener la explotación—hasta que hace dos días me topé con este poema de Pablo Neruda:
La United Fruit Co.
Cuando sonó la trompeta, estuvo
todo preparado en la tierra
Y Jehová repartió el mundo
a Coca Cola Inc., Anaconda
Ford Motors y otras entidades:
la Compañía Frutera Inc.
se reservó lo más jugoso
la costa central de mi tierra,
la dulce cintura de América.
Bautizó de nuevo sus tierras
como "Repúblicas Bananas",
y sobre los muertos dormidos,
sobre los héroes inquietos
que conquistaron la grandeza,
la libertad y las banderas,
estableció la ópera bufa:
enajenó los albedríos,
regaló coronas de César,
desenvainó la envidia, atrajo
la dictadura de las moscas,
moscas Trujillo, moscas Tachos,
moscas Carías, moscas Martínez,
moscas Ubico, moscas húmedas
de sangre humilde y mermelada,
moscas borrachas que zumban
sobre las tumbas populares
moscas de circo, sabias moscas
entendidas en tiranía.
Entre las moscas sanguinarias
la Frutera desembarca,
arrasando el café y las frutas
en sus barcos que deslizaron
como banderas el tesoro
de nuestras tierras sumergidas.
Mientras tanto, por los abismos
azucarados de los puertos,
caian indios sepultados
en el vapor de la mañana:
un cuerpo rueda, una cosa
sin nombre, un número caído,
un racimo de fruta muerta
derramada en el pudridero.
Cuando sonó la trompeta, estuvo
todo preparado en la tierra
Y Jehová repartió el mundo
a Coca Cola Inc., Anaconda
Ford Motors y otras entidades:
la Compañía Frutera Inc.
se reservó lo más jugoso
la costa central de mi tierra,
la dulce cintura de América.
Bautizó de nuevo sus tierras
como "Repúblicas Bananas",
y sobre los muertos dormidos,
sobre los héroes inquietos
que conquistaron la grandeza,
la libertad y las banderas,
estableció la ópera bufa:
enajenó los albedríos,
regaló coronas de César,
desenvainó la envidia, atrajo
la dictadura de las moscas,
moscas Trujillo, moscas Tachos,
moscas Carías, moscas Martínez,
moscas Ubico, moscas húmedas
de sangre humilde y mermelada,
moscas borrachas que zumban
sobre las tumbas populares
moscas de circo, sabias moscas
entendidas en tiranía.
Entre las moscas sanguinarias
la Frutera desembarca,
arrasando el café y las frutas
en sus barcos que deslizaron
como banderas el tesoro
de nuestras tierras sumergidas.
Mientras tanto, por los abismos
azucarados de los puertos,
caian indios sepultados
en el vapor de la mañana:
un cuerpo rueda, una cosa
sin nombre, un número caído,
un racimo de fruta muerta
derramada en el pudridero.
Yo, que no soy muy afecto de la poesía, no puedo más que agradecer la elocuencia de Neruda para explicarme una parte muy importante de la historia de nuestra América Latina.
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