sábado 13 de diciembre de 2008

Sócrates, Antifón y la pobreza


Platón consigna en su Apología, que la verdadera causa de la muerte de Sócrates fue haber cuestionado cómo vivían los atenienses, y de que se dedicara a enseñar sus doctrinas a través de la conversación con los jóvenes. “Porque los atenienses se cuidan muy poco de lo que uno haga o deje de hacer con tal de que no se involucre con la educación de la juventud”.

Y una de las más grandes preguntas que Sócrates dirigía a quienes con él conversaban era: “¿Cómo es posible, ateniense, que siendo ciudadano de la más grande ciudad del mundo por su valor y su sabiduría no hayas pensado en más que amontonar riquezas y honores antes de trabajar para hacer tu alma (psyche) tan buena como pueda serlo?” Parece que esta pregunta tiene tanto sentido hoy como hace 2 500 años y para muchas personas más que los antiguos atenienses. Difícilmente admitiríamos que buscamos enriquecernos por que trabajamos para hacer nuestra alma tan buena como pueda serlo…
De este modo, la pobreza suele ser vista como un mal y la riqueza como un bien… Pero Sócrates se oponía a esta afirmación sin mayor profundización. Sócrates había elegido vivir en pobreza por “motivo del culto que [rendía] al dios” y porque era el “testigo irrecusable” de la honestidad de sus intenciones, pero sobre todo, porque consideraba que ”no deben ser las riquezas las que formen la virtud, sino que la virtud debe ser siempre causa de las riquezas”.
Por eso es que otro “apostol” de Sócrates, Jenofonte, un poco menos conocido que Platón, consigna en su propia Apología… lo que Sócrates contestaba cuando era criticado por su pobreza. Parece que a los seres humanos nos es dificil contentarnos con lo necesario, al grado que hemos llevado al planeta al despeñadero ecológico con tal de satisfacer nuevas “necesidades” cuyo beneficio es muy dudoso.
Por eso me pareció pertinente transcribir una parte de lo que se encuentra escrito en la Apología de Sócrates de Jenofonte (431 a.C-354 a.C.), sobre la pobreza. En tiempos en los que en los libros de economía se enseña que “una economía produce eficientemente cuando no se puede mejorar el bienestar de los demás, sin perjudicar el alguien´más” tal vez sea necesario recordar que lo más eficiente es obtener el mayor provecho de los recursos disponibles… así se tenga que perjudicar a todos nuestros excesos.
Antifón: —Dada tu pobreza, Sócrates, ni siquera un esclavo desearía ser tu siervo, ni de un señor que así enseñara filosofía. Tus comidas y tus bebidas son escuetas, tus túnicas están desgastadas y siempre son las mismas. Además, eres pobre y sin dinero, cuya posesión vuelve a uno feliz y hace la vida más agradable.

Sócrates: —De seguro, Antifón, te has convencido de que sería mejor morir que vivir mi vida ¿no? Seguro consideras que entre tú y yo, es a mi a quien peor le va. Pero déjame preguntarte algunas cosas...
—¿Te parece que es a mi a quien le va peor si no tengo la obligación de platicar con quien no quiero, ya que nadie me paga por hacerlo?
—Dime Antifón, ¿acaso mi comida es menos restaurante que la tuya? o ¿es más cara y difícil de conseguir por rara y delicada? Y si piensas que tus alimentos son más agradables ¿no sabes que quien come con apetito disfruta más que quien come con cualquier otro condimento?
—Que yo sepa, la casa es buena si protege del frío y del calor, la ropa si lo hace del frío, y el calzado, si basta para proteger los pies. Entonces ¿has visto que alguna vez me haya tenido que quedar en casa por culpa del frío? Y cuando hace calor ¿me tengo que pelear con alguien por conseguir una sombra? ¿alguna enfermedad de los pies me impide llegar a donde quiero? Pero déjame decirte algo más, a ti que desprecias la pobreza ¿no sabes que aquellos que son más débiles por naturaleza, si ponen cuidado a sus cuerpos llegan a ser más fuertes que aquellos que nacieron con un cuerpo más robusto? De igual modo ¿no consideras tú que quien se acostumbra a bastarse con poco puede soportar mucho mejor las dificultades que quien necesita de mucho? Y si no soy esclavo de mi vientre, ni rehén de mi lujuria, ni siervo de las vanidades ¿no crees que es por placeres que durán más que estos?
—Y si de ser útil a los demás se trata ¿quién estará más dispuesto a realizar esfuerzos por sus amigos? Quien no tolere vivir sin lo suplerfuo o quien pueda dominarse a sí mismo ¿quién se rendirá más rápido frente a las dificultades? El que tenga por norma trabajar con lo disponible o quien necesite las cosas más difíciles. Parece, Antifón, que para tí la felicidad son las delicias y la magnificencia... pero para mí la felicidad es no necesitar de ninguna de estas cosas. Sobre todo, porque creo que quien menos necesita está más cerca de lo divino, y tan sólo por este hecho, de lo perfecto.
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Fragmento de la Apología de Sócrates de Jenofonte (431 a.C-354 a.C.), paráfrasis mía.

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